Un premio cargado de futuro



Al lenguado, que había declarado que la única literatura que podría sobrevivir sería la revolucionaria, la que cambiase todo a cambio de nada y a partir de menos que nada, debido a la inanidad de sus planteamientos le dieron el Nobel, en vez de quemarlo en la hoguera. Cuando lo supo el arqueólogo, le dedicó un capítulo completo de su colosal obra inédita, titulado "Cúpulas y cloacas de Cutrelandia", en la que sostenía que ambas eran la misma cosa.

La verdad sobre Ulises



-Y no era el ojo del cíclope- confesó Ulises a su hijo muchos años después, antes de perecer asesinado- el que quise traspasar con mi estaca, sino el de Zeus. Pero él no quiso acompañarme en mi ceguera.

Instantáneas de un rostro infinito



Si fuera águila

Si fuera águila
querría ser aire,
si fuera aire
querría ser alma.
¡Alma mía!
¿Por qué eres feliz
de ser yo?

Lo que no somos



III

No puedo prescindir de la televisión
porque estoy solo,
no puedo prescindir del ruido
porque no me oigo a mi mismo,
no puedo prescindir de lo que no soy
porque no sé lo que soy.
Los remolinos de otoño
se llevan las hojas prendidas de su cintura
a conocer los únicos lugares que yo desearía conocer,
a bailar con quien únicamente querría bailar.
Si fuera viento u hoja
sería también mi propia melodía.
Si no tuviera que inventar el mundo
tal vez me reconocería en él

Todos amamos la noche


Gutiérrez

Era un empleado
que parecía más igual al resto
que, entre sí, cada uno de los demás
y por ello era calurosamente felicitado.
Es curioso: de aquella época
sólo recuerdo un largo corredor desierto
y a él,
pero no sé si es sólo una pesadilla
ni lo sabré nunca,
pues me dicen que murió hace pocos meses
y pensándolo bien
ni siquiera esto es seguro,
ya que nadie fue al entierro
y su gabardina sigue colgando del mismo perchero,
o al menos una gabardina igual que la suya.
¿Tal vez nuestros jefes eran hipnotizadores?
Tal vez...en todo caso
la leyenda del empleado modelo
les servía admirablemente
para convertir la oficina en un hormiguero,
donde nadie se relacionaba con sus pensamientos
y menos todavía con sus semejantes.
Sólo los expedientes importaban,
mejor dicho: no los expedientes sino su número,
siempre inferior al realizado
por ese héroe llamado Gutiérrez,
del cual, ahora me doy cuenta,
ni siquiera estoy seguro de recordar las facciones
a causa de su mimetismo
con las de cualquiera que me abra una puerta
y luego desaparezca.
Sin embargo, se comentaba que le gustaban las quinielas.
Entonces ¿Quién, o qué, era Gutiérrez?
Si le gustaban las quinielas
tal vez también las mujeres,
tal vez estaba casado.
Sus hijos lo mirarían con desdén,
su mujer con disgusto por ser la suya una vida tan gris...
y él se refugiaría en la oficina
para hacer de los expedientes su familia.
Si así era, pensé, mejor que nunca se haya sabido.
Al fin y al cabo ¿quién podría haber sobrevivido
sin fusilar a Gutiérrez en su mente
cada vez que terminaba un expediente?
A pesar de ello, una turbia obsesión me dominaba
y una mañana me fui al cementerio,
pero fue inútil: en el lugar indicado
había muchas lápidas y en todas ellas
el mismo nombre: Gutiérrez.

Poemas a pesar de mi mismo



Carta abierta a un poeta

Hoy un amigo me ha regalado su último libro
y lo que dice el libro es que, en definitiva,
sólo querría volar alto en el cielo,
pero se ve reducido a arrastrarse por el fango
que es la vida cotidiana, la de todos los días,
y lo más terrible es que uno se acostumbra
y termina pensando que eso es lo bueno,
chapotear en el barro, y lo otro realmente
no deja de ser una bobada, fantasías infantiles.
Tiene razón mi amigo, hay algo llamado supervivencia
y en su nombre la especie sacrifica al individuo,
la estrella devora a la estrella y el universo se fagocita a sí mismo,
pero como ninguno de nosotros es el universo
nadie sabe de qué va todo eso y pasa de saberlo,
uno se conforma con hallar un hueco y allí,
sin sacar la cabeza del fondo, por si se la pisan,
aguantar mecha hasta la consumación de los siglos,
que es como algunos optimistas llaman
a los pocos momentos que nos quedan de vida.
Bien, tal vez esto sea así y hasta pueda considerarse
un resumen cabal del pensamiento humano,
al menos en cuanto a sus efectos en la mayoría de la gente,
pero debo señalar que un poeta, como mi amigo,
es un grano de arena en la máquina del mundo
y no se contenta con hacerla chirriar,
lo cual es bastante incluso para muchos sabios,
sino que necesita salir de su agujero
y cagarse en los engranajes de la máquina
y saber si, cuando muera, su cabeza reposará en otra cuna
o en la cesta del verdugo, segada por la guillotina de la nada.
Está claro que a los poetas,
aparte de deleitar a la concurrencia con armónicas estrofas,
lo que nos gusta es incordiar,
dar un toque desgarrado al sonido del arpa,
en una palabra: aguar la fiesta.
Es así y nadie tiene la culpa de ello.
Además, si fuera de otra forma,
es posible que incluso hubiera fiesta,
pero no invitados.

Confesiones de un ventrilocuo



El hotel


Vacío
de nave espacial
prolongado
en el interior del cráneo.
Abismos
de palabras
en cada frase.
Teléfonos individuales
para comunicar directamente
con la depresión colectiva.
¡Y sin embargo es el hotel más caro!